viernes 16 de octubre de 2009

FEA 2: Reload



Para ir palpitando y agendando

sábado 29 de agosto de 2009

Un blog hermoso




Descansen un rato, tomense una pausa y entren a este blog. Es increíble. Empiecen a leer por donde quieran pero traten de leer lo más posible. Es maravilloso. Desborda ternura y sinceridad. Aplauso de pie.

lunes 27 de julio de 2009

Fin de semana culturalmente activo


1 libro: "Los pasos perdidos" de Alejo Carpentier
1 link del libro: "El recurso del método" de A. Carpentier
1 pochoclera excelente: "Watchmen" de Zack Snyder
1 link pochoclero pedorro: "300" de Z. Snyder
1 pochoclera buena (zafa apenas): "Evan Almighty" de Tom Shadyac
1 pochoclera pedorrísima: "Race to witch mountain" de Andy Fickman
1 clásico clase B: "The Warriors" de Walter Hill
2 argentinas impecables: "Amorosa soledad" de Martín Carranza y Victoria Galardi
"Rodney" de Diego Rafecas
1 serie retro (vuelta a la infancia gratamente gratificante): "V Invasión extraterrestre" 1era temporada
1 link retro flojito (nunca segundas partes fueron buenas): "V Invasión extraterrestre" 2da temporada
1 serie retro que le pasa el trapo a todas las actuales de investigación: "Twin Peaks" de David Lynch, 1era y 2da temporada
1 europea excelente: "Una simple formalidad" de Giusseppe Tornatore, con Gerard Depardieu y Roman Polanski (la frutilla del postre)
1 link de la misma calidad: "Sleuth" de Joshep Mackiewicz, con Laurence Olivier y Michael Caine
1 link de una remake que no está a la altura: "Sleuth" de Kenneth Branagh, con Michael Caine y Jude Law
1 recital: Amy Winehouse en Londres
1 recital muy flojito y aburrido: Michael Jackson Dangerous Tour en TCM (veanlo completo, no me vengan con un tema y una coreografía, completo, las 2 horas, aburrido, repetitivo y cursi)
2 discos: "Cantora 1" y "Cantora 2" de Mercedes Sosa
1 elección obvia: dormir hasta tarde y aprovechar el tiempo libre

domingo 19 de julio de 2009

Una de vampiros


Cada tanto, cuando uno piensa que ya nada se puede hacer dentro del género, aparece alguien que le da una vuelta más a la tuerca y se manda un peliculón. El tema de los vampiros viene flojito. Las de "Blade" son divertidas pero ya no da para más. Coppola gastó al Drácula clásico y al cine yanqui en general solo le da para hacer variaciones cada vez más morbosas y sangrientas de "Martes 13".
La cuestión es que llegué a "Let the right one in" de casualidad. Buscando otro película ("Hamlet 2", una buena parodia políticamente incorrecta sobre las películas de profesores motivadores) me llamó la atención esta extraña película de vampiros noruegos.
Pero podía ser eso nada más: una de vampiros rara y listo. Sin embargo, el director, Tomas Alfredson, se anima a mechar la historia con una historia de pubertad impecable ¿Puede una historia de terror incluir los miedos de la pubertad? ¿Se puede hablar del despertar de la sexualidad, de la muerte, de las familias separadas, de la homosexualidad, del abuso mientras se hace una historia de chupasangres? Puede sonar a pastiche pero la verdad que se mandaron una película excelente y sumamente entretenida (atención: no esperen efectos especiales y sangre en exceso, lo que aparece está en su justa medida y el ritmo de la narración es tranquilo y necesario). Se consigue como "Dejame entrar" y vale la pena.
Datos de la peli
Link para bajarla
Trailer

sábado 18 de julio de 2009

Ya vino y está en los kioskos del centro

La tapa bien de cerca y los regalos debajo


Número tres y contando...

Ya salió


Historias de la bahía que nadie se anima a contar... MONSTRUOSA!

martes 14 de julio de 2009

Texto publicado en la agenda petitera y bolsillera de HD Ediciones


Al principio pareció una casualidad. Un juego más del azar entre otros. Un “mirá qué loco” buscando la complicidad del conocido cercano o la certeza débil de la cordura. Pero el hecho se siguió repitiendo a la semana siguiente. Primero fue el lunes a las 17:30. Luego, el martes entre las 8:30 y las 9:30. Finalmente, el jueves: primero a las 8:00 y después a las 16:00 (este último estaba en rojo importante). El viernes, pese al intenso trabajo, el escaso tiempo libre y los constantes llamados de atención, no pudo dejar de pensar. El sábado permaneció en su casa (feriado comercial), sentado, encerrado en el estudio, oteando el reloj de la pared, ajustando una y otra vez la fecha y la hora de la PC. A la noche miró un partido (gol de Verón de tiro libre) y se durmió temprano. No atendió ningún llamado. El teléfono sonó insistente hasta la medianoche. Durmió. Soñó con bosques de araucarias inmensas perdidas en brumas grisáceas, con suelos rojizos y barrosos, con mujeres de pechos blancos y pequeños, de pezones rosados acariciados por tules blancos flotando en habitaciones vacías. Soñó que caía desde acantilados eternos y se despertó temprano el domingo, el estómago revuelto, el cuarto en penumbras (persianas americanas filtrando la luz como en películas ídem), una erección inútil entre las sábanas y otra certeza (ya no débil): era la agenda.

Ese domingo se la pasó escribiendo. Con precisión y tensón de relojero suizo fraccionó su vida en renglones (un renglón = media hora, precio oferta, una ganga). Cada día se fue llenando, todos los horarios cubiertos al detalle. Se imaginó en el fragor de su tarea a empresarios canosos (aquellos yuppies de ayer) con intercomunicadores digitales de última generación consultando a secretarias de generaciones recientes, sonrientes y predispuestas a decirle qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo (eventualmente, se casarán con su jefe y seguirán haciendo lo mismo pero ahora con derecho a burla frente a sus amigas del yachting club). Estúpidos de billetera asesina galanes. Él tenía su agenda (su sueldo y, seamos sinceros, su trabajo no permitían mucho más) que no era poca cosa. Ahí estaba la clave, señores. Cada renglón fue cubriéndose ese domingo con lo inevitable, lo urgente, lo impostergable, lo importante, la quintaesencia de un tipo ocupado de maletín y agenda. Árboles que cubren bosques crecieron y florecieron en la agenda. Nada quedó afuera: citas, reuniones, cumpleaños, eventos, pagos, citaciones. Hasta los domingos se llenaron y rebalsaron de compromisos. Todo ese año se cubrió aquel domingo en que José comprendió el códice secreto de sus azarosos olvidos: lo que asentaba en su agenda desaparecía, pasaba fugaz y se volvía un recuerdo de papel y tinta. El secreto de la felicidad, se dijo.

Ese domingo, José se acostó temprano, se durmió otra vez aunque con una sonrisa algo estúpida en su autosuficiencia y a primera vista un poco exagerada (risa de foto en fiesta que no se quiere estar). José se durmió pensando en su súper-agenda mágica sin saber que lo que había descubierto era una negada conciencia colectiva: no anotamos lo que queremos recordar, anotamos aquello que con secreto deseo queremos olvidar.

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