Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

domingo, 22 de enero de 2012

"The innkeepers" o cómo los fantasmas pueden seguir asustando


Por el solo hecho de tener este hermosísimo afiche retro, deberíamos ver esta película, pero abajo trato de argumentar un poquito más (desde el fanatismo, claro, porque fue una peli que me encantó).



¿Cómo hacer una película sobre fantasmas original y entretenida cuando parece que el género ya ha experimentado con todas las posibilidades? Ti West propone una respuesta interesante con “The innkeepers”. Si ya se mostró todo y más en este género, armemos una película de fantasma en donde mostremos poco y nada. No a la manera rebuscada de “Actividad paranormal” con sus filmaciones de cámaras de seguridad tipo YouTube. En “The innkeepers”, Ti West propone una historia de terror clásica (hotel viejo y maldecido, habitaciones vacías, ruidos inexplicables, aficionados cazafantasmas tratando de encontrar pruebas) en donde el eje está en el suspenso y el manejo de la tensión sin recurrir a los lugares comunes (música machacosa, efectos de sonido, digitalización de Play Station). Acá hay una película con buenos actores que construyen papeles creíbles (por lo menos de la pareja de protagonistas). Acá los personajes reaccionan como cualquier tipo que se cruzara en su vida con un par de fantasmas. Acá no hay héroes, ni especialistas que se animan a todo. Acá cuando ven a un fantasma corren y gritan como quinceañera acosada, sufren ataques de asma y renuncian cuando la cosa se pone extraña.
¿Es una excelente película “The innkeepers”? No, pero en comparación con lo que se viene haciendo dentro del género, con las imitaciones en serie de los estereotipos japoneses, con una industria que ante un éxito menor lo repite hasta el hartazgo (nuevamente, “Actividad paranormal”), la película de Ti West se presenta como una alternativa original, entretenida y que fundamentalmente no menosprecia al espectador y le pide algo más que comer pochoclos. La peli pide paciencia (la primera aparición se da luego de los cuarenta minutos), pide y logra empatía con los protagonistas (un nerd tecnológico y una insegura – hermosísima – veinteañera) y, fundamentalmente, pide que nos olvidemos de una manera de narrar agotada y aburrida. Ejemplo: una de las primeras escenas reproduce uno de esos videos de internet, en donde una cámara filma una imagen estática que logra nuestra atención para asustar con una aparición repentina en primer plano, casi como si el director dijera: “de esto no vas a encontrar en esta peli”. Este principio puede relacionarse con la escena final: una imagen estática de una habitación del hotel, que se extiende y nos hace sospechar un susto inminente. Sin embargo, Ti West le da un giro inesperado, frío quizás, pero que funciona como cierre de una declaración de principios que parece ser esta peli: para asustar no se necesitan efectos especiales vistosos y rebuscados, alcanza con un buen guion e impecables actuaciones.

Nota al pie: por increíble que parezca (bueno, pasaron más de 25 años, es esperable si no te hiciste ninguna cirugía) la actriz que hace de médium es Kelly McGillis, sex-symbol ochentoso que nos quemó la cabeza en “Top Gun” y que tiene un mérito que no es menor: ser la única amish sexy de la historia del cine ("Testigo en peligro" de Peter Weir, con Harrison Ford). Verla en la peli es como ver a Demi Moore sin tuneado.

sábado, 24 de julio de 2010

Fantasías animadas de ayer y de hoy en papel e imágenes




Muy interesante blog sobre literatura, videojuegos y cine fantástico. Textos breves, claros y precisos que dejan picando al bichito de la curiosidad. Muy entretenido para recorrer un sábado a la tarde algo frío como el de hoy, con una taza de café cerca y algo de música dando vueltas por ahí.

El link:

Mundos paralelos
.
.
.

jueves, 3 de junio de 2010

Mujeres y cine

Mis mujeres en el cine

Texto que acompañó la muestra de poemas, fotos, música y danzas "Mirame a los ojos", organizada por Andrea Testarmata, en Bahía Blanca durante los meses de abril y mayo del 2010.





Me gustan las mujeres de Fellini. La matrona mitológica que vende cigarrillos en “Amarcord” y ahoga púberes en sus pechos generosos. Me gusta Anita Ekberg vagando diáfana y rotunda por la fuente, mientras la mirada confundida de Mastroianni trata de comprender y guardar en su memoria ese momento.
Me gusta la Coca Sarli flotando en el río, desnuda, con sus grandes tetas cortando la corriente turbia del Paraná. La recuerdo envuelta en tapados de piel y en deshabille de generoso escote.
Desparramo de maní con chocolate Shot al ver las piernas torneadas y magras de Lena Olin ahorcando a Gary Oldman, descontrolada y enfurecida, asesina profesional, una y otra vez repetida y reducida en las tardes domingueras de I-Sat.
Extraño a Jennifer Connelly, adolescente y soñadora, enfrentando el glam ochentoso de David Bowie en “Laberinto”. Recuerdo el vacío en los oídos y los retorcijones en la panza cuando me miraba directo a los ojos y me recitaba la invocación contra Jareth, el rey de los duendes (porque me hablaba a mí, púber incipiente de fácil amor y vocación cursi-romántica).
Recuerdo la nariz torcida, contrahecha, de Rosi De Palma, chica Almodóvar, que mereció mis elogios y una extraña fascinación que aún perdura.
Me acuerdo de Graciela Borges y Soledad Silveyra, jóvenes todavía. Una, blanco y negro en función privada con Berruti y Morelli en un verano del ochenta y pico descubriendo a Torre Nilsson sentado junto a mi viejo en la cocina de mi casa. La otra, en furioso technicolor, rubia y adolescente, en cursi y gitana historia de amor, sentado junto a mi vieja, una tarde de sábado, lluviosa (quizá invierno), café con leche y torta casera y Sandro bailando pelos del pecho al viento.
Me acuerdo de la madre que llora por su hijo que cae rodando escaleras abajo en “El acorazado Potemkim”, de María en “Metrópolis” (aunque primero la conocí en “Radio Ga-ga” de Queen) y de la florista ciega a la que ayuda Chaplin. Mudas, de miradas profundas y gestos ampulosos.
Me inquieta Michelle Pfeiffer diciendo “miau” mientras estalla Ciudad Gótica. Me inquieta el recuerdo de mirar a escondidas con unos amigos de la primaria (logística grupal y sincronización milimétrica con ausencia de padres incluida) a Kim Basimger en “Nueve semanas y media”: camisón blanco, tacos agujas, lluvias, frutillas y sombrero con el sonido ambiente de los cabezales de la video girando desesperados porque el tiempo era poco y los padres muchos.
Me acuerdo de Adriana Brodsky, en pantalla gigante, en el cine Plaza, diciendo “maestro, soy fea” y girando displicente para mostrarnos lo que habíamos ido a ver. Me resuena el silencio sepulcral, incómodo por la presencia de alguna novia, hermana o prima, que invadió la sala cuando Cecilia Dopazo mostró que era del palo en aquella terraza junto al Tanguito fachero de Fernán Mirás.
Me acuerdo que para mí una vez el cine fue de superagentes y titanes, de Chatrán y Benji perseguido. Me acuerdo de tiempos pasados en donde iba al cine para pasar el rato. Buena suerte marcó mi camino, las cosas cambiaron repentinamente, y en la oscuridad del cine Ocean (hoy timba popular) algo se reveló, algo que empezó en la pantalla y continuó bastante más abajo. Algo que se hizo recuerdos, algo que perdura y se repite cada tanto, en citas particulares, ocasionales y esporádicas, en donde yo espero nervioso como aquella primera vez hasta que ella aparece en la pantalla.




lunes, 24 de mayo de 2010

¡Larga vida a los zombies!


El fanatismo por el cine de género no cuenta con la mejor fama. Muchas veces termina encuadrado en el fanatismo bizarro, en la acumulación de datos por algún nerd tardío, gordo y barbudo que agota sus tardes en los continuados de clase B y Z.

La pose intelectual no parece gozar del cine de género. El intelectual mira directores (el solo hecho de reconocerse fanático de, por ejemplo, Krzysztof Kieslowski y pronunciarlo correctamente, te da un aura intelectualosa de reconocida efectividad entre los pares y el grupo familiar). Eventualmente, puede reconocerse fanático de algún actor (las opciones son: desconocido europeo; segundón recurrente; europeo que no transó con el cine industrial – olvidate de Depardieu –; y alguno comercial que coquetea con el cine de autor – John Malkovich es un ejemplo recurrente aunque haya hecho engendros como “Con Air” – nota al pie: ¿se comercializa las extensiones que utiliza Nicholas Cage en esa peli?).

El género en el cine parece ser una categoría demasiado difusa. A primera vista, no llega a reflejar un espíritu crítico, ni siquiera una mínima selección. Lo más impreciso que se permite un intelectual es el gentilicio (preferentemente, europeo o en el grado máximo de la exquisitez las variedades asiáticas y árabes).

Reconocerse fanático de las películas de zombies te conduce a un culposo lugar de inmadurez intelectual. Sin embargo, la cinefilia no pasa solamente por la última y escondida perla del cine iraní o por el cine independiente yanqui que mucho tiene de comercial bajo ese disfraz. En el medio del gore más sangriento, entre tripas evisceradas y chicas de pechos prominentes huyendo de frente a la cámara, uno puede habilitar un espacio de reflexión tan significativo como el sugerido de manera, quizás, más explícita en el cine de autor. Y no estoy hablando de los ejemplos clásicos de metáforas de la sociedad que son las pelis de George Romero o los zombies anti-Bush de Joe Dante en “The homecoming” (2005). La fascinación por los zombies es la posibilidad de ver las escasas diferencias que existen entre los muertos vivos y las prácticas habituales de nuestra vida cotidiana. El terror de la vuelta a la vida sin el límite de la ley (lean “alma” si quieren), la antropofagia y la supervivencia regida por las lógicas más elementales (matar o morir) son ocasión de entretenimiento pero también de crítica.

Basta mirar las primeras escenas de “Shaun of the dead” (2004) de Edgar Wright. En el marco de la acidez típica del humor inglés, dos amigos enfrentan una epidemia de zombies tratando de mantener la estupidez, ocio y abulia que rigen sus vidas. Atrapados en empleos mecánicos y alienantes, los zombies no difieren mucho de lo que fueron antes de morir y renacer. Vean el final si no y lo útil que son los zombies para los programas de entretenimientos a lo Marley, jugar a la Play o empujar changuitos en un supermercado.

Inclusive en híbridos decadentes y jeropas como “Zombie strippers!” (2008) de Jay Lee, se puede abrir la discusión (sí, de manera muy forzada, pero se puede) del sexismo (con Jenna Jameson como protagonista, la mujer como objeto es inevitable); o en propuestas más jugadas como “Deadgirl” (2008) de Marcel Sarmiento y Gadi Harel, en donde la explotación sexual termina victimizando al zombie y revelando la monstruosidad del hombre (¡qué película incómoda de ver!).

El zombie fascina e inquieta. El temor primario de la muerte se potencia en la figura del zombie porque descubrimos que la diferencia es escasa entre ser un muerto viviente y ser un muerto en vida. Los comportamientos se repiten, la lógica del zombie se multiplica en la sociedad y las opciones de mejora y ascenso muchas veces son antropofagias, que por metafóricas, no dejan de ser igual de crueles. Por eso, el fanático sabe reconocer la película que respeta el género de aquella que utiliza los elementos propios del género para construir algo en esencia distinto (estoy pensando en la reciente “Zombieland”(2009) o en las flojitas “Residente evil”, en donde muchas veces el juego de la Play supera a las escenas de acción de la peli).

Y también tengo que reconocerlo, el género es la certeza de encontrarse en un terreno conocido, de evitar la adaptación y la incertidumbre para meterse en la historia desde la primera escena, placer de principio a fin, sin pensar en actores, directores o filmografías. Ahí está “Planet terror” (2007), como ejemplo ideal y frutilla del postre de una tarde de zombies, dirigida por Robert Rodríguez y producida por Quentin Tarantino, dos que saben bastante sobre esto de los géneros y de las posibilidades que otorgan (miren si no “From dusk till dawn” (1996), una de vampiros que sí chupan sangren y no como esos anémicos adolescentes de “Twilight”).

viernes, 25 de diciembre de 2009

Por fin: vampiros que chupan sangre


Sthepanie Meyer terminó de escribir su saga de "vampiros". Estuvo fragmentando la noche tanto como se lo pidió el mercado. Apaga su pc y mira a un costado. Ahí, en una bolsa negra (no vaya a ser cosa que se vea el contenido) está todo lo que su pacatería le dijo que sacara. Papá y mamá van a estar contentos: le saqué toda la sexualidad, el erotismo, la trasgresión, la rebeldía, todo pequeño detalle de rebelión o crítica fue quirúrgicamente eliminado. Ahí están esos vampiros anémicos; Ken y Barbie con maquillaje blanco; High School Musical apenas grisecito y sin música; Populares y Divinas disfrazados de noche de brujas. Sthepanie cierra la bolsa, sonríe satisfecha (milagros de la necedad) y en las sombras furtivas de la noche, con un gesto ampuloso arroja la bolsa de basura en un lejano baldío. Sin embargo, entre esas sombras furtivas, hay una que se destaca y con eso que estúpidamente la Meyer sacó de sus novelitas construyó una película impresionante que le pasa el trapo a tanto carilindo de mirada triste. "Thirst" es la película y Chan-wook Park, es el tipo que se mandó esta historia impresionante. Una breve muestra: el vampiro mayor es un cura que no puede evitar las ansias de la carne con la esposa de su mejor amigo, ¿se imaginan a la Meyer y sus Polly Pocket con colmillos metida en semejante barullo y saliendo mínimamente airosa? Lo peor es que le peli aparece en la vorágine de "Crepúsculo" y ahí se pierda (lo mismo está pasando con "Let the right one in", estrenada con el pedorro título de "Criatura de la noche", una semana después de "Luna nueva", ver nota). En fin, cosas que pasan pero que se pueden evitar, la cosa es recomendar al maestro Park y ya que estamos ver para atrás a "Old boy", otra joyita del mismo director.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Pelis x gruesa








Un blog con una selección de películas difíciles de conseguir y de muy buena calidad.

http://world-film.blogspot.com

Muy recomendable


sábado, 19 de diciembre de 2009

2012: 10 Obviedades

1. La película es pésima.
2. Roland Emmerich logra sacar una actuación más mediocre que en "Con Air" del gran John Cusack (mi único consuelo es pensar que las hace para juntar algo de plata y mandarse joyitas como "High Fidelity")
3. El presidente yanqui es negro, pero muere (demócratas y repúblicanos contentos por igual)
4. Mujeres independientes? Por supuesto, pero una muere ahogada, luego de descubrir y rechazar su condición de mujer-objeto y la otra de hija de presidente pasa a esposa para lograr su plena realización. Las otras mujeres gritan y miran desesperadas mientras su marido o ex-pareja deciden por ella.
5. Todo el mundo árabe desaparece y la única vez que aparece está rezando (malditos fanáticos religiosos jamás se salvarán si están en contra de Estados Unidos)
6. China y Estados Unidos en la misma nave: inquietante futuro.
7. Latinoamerica? Sí, lamento informarles que nos quedamos sin arcas. Pero sabiamente abrieron las puertas a varios miles de obreros chinos para esos trabajos que ningún yanqui debe hacer.
8. Momento cumbre de la peli: todos los presidentes de las naciones más poderosas mirando al presidente yanqui: Papi, papi, qué hacemos ahora que el mundo se acaba? Por supuesto, obedecen y cuando papi muere por su pueblo (uno de los momentos más patéticos de la historia del cine -peor que el presidente dirigiendo el ataque contra los aliens en "Independence day"- obedecen a un secretario de última línea porque, qué joder, es yanqui)
9. Estoy asustado: ninguno en mi familia sabe volar aviones.
10. Si el mundo termina en el 2012 no desaprovechen dos horas, como yo hice, con este mamarracho.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Pen choo kab pee



Ese grito gallináceo que encabeza esta entrada es el título de una película que recién, recién, termino de ver. El título en inglés es "The unseeable" y no sé si tuvo estreno o edición nacional pero no me quedan dudas que es muy buena.
Voy a ser breve: imaginense a "Los otros" de Alejandro Amenabar filmada en Tailandia, en un clima tropical rodeado de frondosa vegetación y noches de calor y telas mosquiteras y tendrán una idea de esta joyita. Historia de aparecidos, con mínimos efectos especiales, muchas figuras que aparecen y desaparecen y un final demasiado explicado, quizá, pero que poco le resta a una peli casi perfecta. Joyita oriental para los que ya no saben cómo sacarse la sangre de la cara, después de tanto "Saw" y amputados varios.

Recomendación: viernes por la noche, luces apagadas, sillón en soledad y auriculares.

Link

sábado, 14 de noviembre de 2009

Una pochoclera



“Jennifer´s body” (2009) de Karyn Kusama tiene todo para ser un bodrio: una actriz de moda, que si fuera argentina no saldría de la categoría botinera y del programa de Rial; un argumento recurrente con uno de estos cruces (posesión diabólica + vampirismo) que tratan de encontrarle alguna vuelta al género; y algunas escenas sugerentes para calentar espíritus adolescentes.

Sin embargo, también tiene todo para ser una buena película: Diablo Cody en el guión y en la producción (es la guionista de “Juno”); un contexto interesante: la adolescencia en uno de esos pueblitos de muerte de los yanquis; y, nuevamente, Megan Fox, que está más buena que comer pollo con las manos.

La cuestión es que la película queda en un justo medio (aunque para ser sinceros cae un poco más hacia el lado bueno). Diablo Cody elige nuevamente el mundo adolescente y lo retrata de una manera cruel y sincera, a partir de una pareja (y cómo juega con este concepto a lo largo de toda la película, ver la escena de las manos en el recital o la del beso en el cuarto) prototípica del cine yanqui: chica linda + patito feo. Buenos amigas que a lo largo de la historia se revelan opuestas de una manera inusual: linda solitaria y triste, fea (que no lo es tanto) con novio y feliz. En el medio, una historia de terror, que funciona más como “gancho” que como eje de la historia, algo de sangre, destripes varios y el inevitable (y esperable) vómito diabólico, en este caso, negro y con púas (jamás se superará ese verde apagado de Linda Blair sobre el cura).

Para el final un momento de actuación rescatable (y creo que es la primera vez que la veo a Megan Fox actuando y no posando): la ira contenida de Jennifer al descubrir que ya no es popular y que se ríen de ella en la escuela, como para que después no se quiera morfar a todos los compañeritos.

Asociación libre:

“Carrie” (1976) de Brian de Palma: un patito feo que se calienta mal y termina matando a todos (John Travolta, incluido)

"Elephant" (2003) de Gus van Sant

"Desert hearts" (1985) de Donna Deitch

lunes, 27 de julio de 2009

Fin de semana culturalmente activo


1 libro: "Los pasos perdidos" de Alejo Carpentier
1 link del libro: "El recurso del método" de A. Carpentier
1 pochoclera excelente: "Watchmen" de Zack Snyder
1 link pochoclero pedorro: "300" de Z. Snyder
1 pochoclera buena (zafa apenas): "Evan Almighty" de Tom Shadyac
1 pochoclera pedorrísima: "Race to witch mountain" de Andy Fickman
1 clásico clase B: "The Warriors" de Walter Hill
2 argentinas impecables: "Amorosa soledad" de Martín Carranza y Victoria Galardi
"Rodney" de Diego Rafecas
1 serie retro (vuelta a la infancia gratamente gratificante): "V Invasión extraterrestre" 1era temporada
1 link retro flojito (nunca segundas partes fueron buenas): "V Invasión extraterrestre" 2da temporada
1 serie retro que le pasa el trapo a todas las actuales de investigación: "Twin Peaks" de David Lynch, 1era y 2da temporada
1 europea excelente: "Una simple formalidad" de Giusseppe Tornatore, con Gerard Depardieu y Roman Polanski (la frutilla del postre)
1 link de la misma calidad: "Sleuth" de Joshep Mackiewicz, con Laurence Olivier y Michael Caine
1 link de una remake que no está a la altura: "Sleuth" de Kenneth Branagh, con Michael Caine y Jude Law
1 recital: Amy Winehouse en Londres
1 recital muy flojito y aburrido: Michael Jackson Dangerous Tour en TCM (veanlo completo, no me vengan con un tema y una coreografía, completo, las 2 horas, aburrido, repetitivo y cursi)
2 discos: "Cantora 1" y "Cantora 2" de Mercedes Sosa
1 elección obvia: dormir hasta tarde y aprovechar el tiempo libre

domingo, 19 de julio de 2009

Una de vampiros

(La están dando en los cines como "Criatura de la noche", título pedorro si los hay)

Cada tanto, cuando uno piensa que ya nada se puede hacer dentro del género, aparece alguien que le da una vuelta más a la tuerca y se manda un peliculón. El tema de los vampiros viene flojito. Las de "Blade" son divertidas pero ya no da para más. Coppola gastó al Drácula clásico y al cine yanqui en general solo le da para hacer variaciones cada vez más morbosas y sangrientas de "Martes 13".
La cuestión es que llegué a "Let the right one in" de casualidad. Buscando otro película ("Hamlet 2", una buena parodia políticamente incorrecta sobre las películas de profesores motivadores) me llamó la atención esta extraña película de vampiros noruegos.
Pero podía ser eso nada más: una de vampiros rara y listo. Sin embargo, el director, Tomas Alfredson, se anima a mechar la historia con una historia de pubertad impecable ¿Puede una historia de terror incluir los miedos de la pubertad? ¿Se puede hablar del despertar de la sexualidad, de la muerte, de las familias separadas, de la homosexualidad, del abuso mientras se hace una historia de chupasangres? Puede sonar a pastiche pero la verdad que se mandaron una película excelente y sumamente entretenida (atención: no esperen efectos especiales y sangre en exceso, lo que aparece está en su justa medida y el ritmo de la narración es tranquilo y necesario). Se consigue como "Dejame entrar" y vale la pena.
Datos de la peli
Link para bajarla
Trailer

sábado, 11 de julio de 2009

Una buena de Van Damme


Recién termino de ver "JCVD" de Mabrouk El Mechri (director que es la primera vez que escucho y veo, pero que se nota que sabe del tema) y debo decir algo que nunca creí que podría decir: es una muy buena película de Jean Claude Van Damme. No lo niego, yo también tuve una preadolescencia marcada por películas como "Retroceder nunca, rendirse jamás" (en donde Van Damme era el malo que elongaba en la esquina del ring) o "Kikckboxing" (editada en vhs como "Kidboxing", aunque Van Damme ya estaba bastante cerca de los treinta años). E inclusive, tuve la esperanza de ver la gran película de Van Damme luego de películas realmente entretenidas como "Time Cop" o "Hard target" (dirigida por el maestro John Woo), y viendo a Schwarzenneger y Stallone cada vez más enganchados con su lado cómico (que nunca jamás tuvieron, ver sus "comedias" como ejemplo definitivo), contaba con el triunfo del belga, porque realmente era un tipo que me caía bien (recuerdo una entrevista en lo de Susana Giménez muy entretenida). Pero el tipo se colgó mal con el tema de las drogas y comenzó a hacer pelis a lo Steven Seagal: una detrás de otra, todas iguales, hechas en serie con héroes torturados por su pasado y con peleas eternas bajo la lluvia. Y desapareció o yo no le di más bola y me enganché con un cine más culturoso y dejé las pelis de acción y patadas para domingos grises aburridos, aunque ya no con Van Damme.
Así pasaron los años y la semana pasada me bajé esta joyita: "JCVD" (hagan click en el título y tienen un link para bajarla - hay que asociarse - ). No voy a contar mucho el argumento. Van Damme es él, no hace de ningún personaje. Es el actor de películas de acción, destruido por los años y los fracasos, tratando de encausar su carrera mientras Steven Segal le roba los protagónicos. Agobiado y agotado decide volver a su Bruselas natal para quedar implicado en el robo de un correo (imposible evitar recordar la excelente "Dog day afternoon" de Sidney Lumet, con el mejor Al Pacino y el impecable John Cazale - vean al ladrón de "JCVD" y diganme si no es Sal, la pareja del ladrón interpretado por Pacino - )y en una situación extrema que le da la oportunidad de soltar un monólogo autobiográfico solo frente a la cámara, que realmente hace pensar si el tipo no tendría que dejar de tirar patadas y animarse a papeles drámaticos posta.
En fin, el tipo se mandó un peliculón y aquellos que terminaron a las patadas con primos, amigos y vecinos luego de ver "El gran dragón blanco", no podrán evitar mirarla y que una pequeña y melancólica gota se derrame desde nuestro corazón todavía púber. ¡Ovación de pie para el tigre belga!

sábado, 24 de enero de 2009

Las peores películas de mis vacaciones

Cometas en el cielo (The Kite Runner, 2007) de Marc Forster: ésta me lo recomendó alguien. Muy bien vendida. Y yo compré. Lamentablemente, no recuerdo quién fue, pero ya me voy a acordar y allá irá mi recomendación de alguna peli bien pedorra (pienso en alguna de Meg Ryan post-operación y sobredosis de botox; esa que es entrenadora de box sería genial). La cosa viene así: Afganistán, revolució talibán, familia acomodada huye a Estados Unidos y hijo menor deja sin resolver ruptura amistad con hijo del sirviente paterno (perdón, por la sintaxis telegráfica). La ruptura tiene que ver con un hecho violento (mejor narrado y tratado por el gran Leonardo Favio, en Crónica de un niño solo, 1964) que marca el crecimiento del protagonista en los Estados Unidos. Dificil huída de la familia (padre e hijo), llegada a USA, concresión del sueño americano y triunfo como escritor del niño. Hasta ahí una buena película, entretenida, pasable. Pero de repente suena el teléfono (no, no es Raúl Taibo) y el pasado reaparece. CHAN! Tensión, drama en crescendo hasta el climax final... No. La película se transforma en un bodrio que nada tiene que envidiarle a las más afiebradas aventuras de Bruce Willis (pienso en Lágrimas del sol, por ejemplo) o a las venganzas unilaterales de Steven Segal contra la mafia y carteles, extranjeros, de drogas (¿notaron qué pocos yanquis arios mueren en las pelis del gordo Segal?). El tipo vuelve a Afganistán, a buscar el hijo de su ex-amigo, quien termina siendo su sobrino porque su amiguito de la infancia era el hijo no reconocido de su padre (tiembla, Migre). Así tenemos un increible (en su valor semántico más negativo) rescate en una cárcel pedófila talibán (sí, leyeron bien). Y los delirios siguen con un descendiente de árabes que trae un sobrinito ilegal a USA y nadie le pregunta nada y una cura psicológica milagrosa gracias a la tranquilidad de la vida yanqui. Si uno quiere sentirse menospreciado como espectador esta es la película: acá no hay yanquis en Afganistán, bombardeos ni por casualidad, los talibanes son clones de Rasputín (¿es políticamente correcto poner en un mismo texto Rasputín y pedofilia?), nadie se acuerda de la financiación norteamericana a los talibanes, ni de las persecuciones a los descendientes de árabes en Estados Unidos. No dudo que haya pedofilia entre los talibanes pero la película es de una simpleza ofensiva y lo peor es que le llovieron críticas favorables de todos lados. El director, que viene en una franca decadencia, empezó con verdaderas joyitas: Finding Neverland (2004), Stranger than fiction (2006) (Will Ferrell, no te merecemos - decirlo de rodillas - ) o Monster´s ball (2001) (Halle Berry, qué escena, qué escena!) y hoy se dedica a estos pastiches (mirar si no la última de James Bond y la apología de la política imperial mundial). En fin, la vi, me dejé estafar, me queda el consuelo de la venganza y una pelis de Francella para recomendar a mi amigo.
***
Venganza, Taken (2008) de Pierre Morel: simple y sencillo: un agente del gobierno de Estados Unidos viaja a Francia a recuperar su hija secuestrada por una banda de traficantes de mujeres. En resumen: por preservar la virginidad de una hija, un agente norteamericano está dispuesto a hacer cualquier cosa: torturar (picana casera incluida), matar, dispararle a la esposa de un jefe policial corrupto (la tipa estaba cenando) y por supuesto, todo, con la misma impunidad que deben haber caracterizado sus operaciones gubernamentales anteriores. Ah, me olvidaba: el mal está afuera de Estados Unidos, el aeropuerto de París es uno de los más inseguros del mundo, los traficantes de mujeres son albaneses (interpretados por árabes, pero es lo mismo), la corrupción anida en la policía francesa, los pervertidos son millonarios árabes y el actor es irlandés pero habla con acento yanqui. En el camino quedan varias chicas secuestradas obligadas a ejercer la prostitución, la mejor amiga de la hija, muerta de sobredosis y un tendal de muertos en París, pero no importa: papá lo hizo para defender a su hija. Para defender a un hijo todo está permitido. Mucho decir que la hija es una metáfora de los Estados Unidos...? Por supuesto la seguridad solo la obtienen cuando vuelven a Estados Unidos. Moraleja: no salgas de USA, el mundo es una porquería. USA el barrio privado del mundo: un lugar seguro donde vivir.
Continuará...
Las mejores películas de mis vacaciones

Elegy (2008) de Isabel Coixet: basada en una novela de Philiph Roth. Increible Ben Kingsley (actorazo te hace de Ghandi y de un descontrolado en La bestia humana, Sexy Beast (2000), con la misma naturalidad), contenido e imposibilitado de entregarse al amor (suena cursi pero es así), me hizo acordar a Anthony Hopkins en The remains of the day (otro peliculón del año 1993). Además, Penélope Cruz mostrando generosamente su anatomía y actuando como pocas veces lo hizo en el cine yanqui. Una romántica con buen guión, combinación difícil de conseguir. Bonus track: el gran Dennis Hooper dando cátedra (apurense con una Easy Rider (1969), cuarenta años después, ¿se imaginan a Hooper, Jack Nicholson y Peter Fonda juntos de vuelta en una película que muestre el fracaso de la fantasía norteamericana de la década del 60?) y la diosa ochentosa-punk Deborah Harry (alias Blondie), la de los Strawberry fields forever junto a los Cadillacs.
***
Hotel Rwanda (2004) de Terry George: está bien, es un poco maniquea la mirada: los buenos son muy buenos y los malos, terribles. Pero a veces estas concesiones hay que aceptarlas (parte del pacto cinematográfica) para disfrutar de una peli que relata los primeros días de la guerra civil en Ruanda y la violencia que representó la matanza de casi un millón de personas. Hay palos para Europa y Estados Unidos al por mayor, justificados y argumentados, por el abandono que hicieron del país. Hay palos para la ONU, aunque el personaje de Nick Nolte trate de redimirla, y el periodismo, por sus intereses mezquinos. No es una película para domingo a la tarde, gris y lluvioso pero vale la pena verla. Además, tiene eso de "basada en hechos reales" que le da una dimensión aún mayor.
Continuará...

martes, 6 de enero de 2009

Vacaciones = cine


Aclaración: para su seguridad intelectual este texto se encuentra enriquecido con hipervínculos (links, en español bonaerense) debidamente identificados por la manito mutante de su cursor.


Empezaron las vacaciones, hora de hacer todo lo planeado en el año para cuando tuviera tiempo libre. Fatal momento que ya ha llegado y que me encuentra con las suficientes ganas como para ir comprar algunas pelis pirateadas (¿se puede decir esto?), alquilar otras y enganchar títulos siniestros y patéticos de la cinematografía mundial en el cable (tanto que joden con la deconstrucción y cómo no analizan las prácticas del espectador de cable, recolectando fragmentos de películas en distintos horarios, diversos canales y un orden que solo se resuelve meses después en el sueño de una siesta entrecortada también) para luego tirarme en un sillón caluroso que insiste en pegarse contra mi espalda. En fin, hora de ver películas.
La primera: The african queen (1951) de John Houston. Un clásico que mereció una relectura de Clint Eastwood en la muy buena White hunter, black Heart (1990) (che, me siento re-intelectual citando en inglés, ahora me mando un latinazgo) y que dos por tres aparece en los listados de películas que hay que ver antes que el cine de terror tipo Saw te queme la última neurona. Y la verdad que está bueno despacharse con un clásico y descubrir todo una manera distinta de entender el cine y la actuación. El argumento es sumamente básico: una especie de road-movie (o river-movie) en el medio de la selva africana. Muchas imágenes tipo National Geographic, calor, rostros sudados, fiebres y ruido ambiente. Una selva jodida, no esperen a Simba corriendo con una sonrisa colmillar en atardeceres rojizos. Acá es el hombre enfrentado a la naturaleza (ahora me acuerdo de The ghost and the darkness (1996), se estreno como “Garras” o algo así, una peli muy buena con Michael Douglas y Val Kilmer (actor caído en desgracia que me sigue pareciendo un actorazo como pocos) en donde perseguían a una pareja de leones asesinos también en África. En el caso del film de Houston la pareja son un marino de lanchita almacén tipo islas del Tigre (muy Haroldo Conti o, mejor, Horacio Quiroga) y una señorita inglesa puritana y estructurada (muy “Otra vuelta de tuerca” de Henry James). Los dos deben huir de un ataque alemán en plena Primera Guerra Mundial y en la huída deciden hundir un buque insignia (atención con el torpedo casero que se mandan, borrador de proyectos McGiver). La historia es lineal, el romance obvio es sumamente cursi (pero si pensamos que James Cameron empachó al mundo de la misma manera con su cursilería romántica con “Titanic” y lo forraron de Oscars, se lo puede dejar pasar) y las escenas de acción zafan con una técnica artesanal que genera tanto admiración como ternura (con qué poco te hacían el hundimiento de un barco, vuelve “Titanic” a mi mente, creo que es un trauma). Ahora la pregunta: ¿es realmente una película que hay que ver sí o sí? Difícil y esto es una opinión así que se puede discutir: muy bien Humphrey Bogart, muy bien Katharine Hepburn, pero como clásico y película de aventuras me parece que la inflaron demasiado. Si la combinación es Houston & Bogart & aventuras, mil veces The treasure of the Sierra Madre (1948) y si la idea es ver un duelo actoral mujer-varón clásico, las opciones son miles y para muestra un botón: A star is born (1954) con Judy Garland (si les gustó Charlie and the chocolate factory (2005) de Tim Burton vean The wizard of Oz (1939) con Mrs Garland adolescente) y James Mason. A ver para que quede un poco más fundamentado: un clásico (pensando en Calvino) debe sobrevivir al paso del tiempo y generar nuevos interrogantes a los nuevos espectadores, la película de Houston carga, como el protagonista a su bote en un río cenagoso, el paso del tiempo (piensen en cualquiera de Chaplin y se entiende mejor lo que quiero decir) y ese arrastre se siente al mirar la peli. En mi opinión, The African Queen tiene muy poco para decir ya, tiene el gusto del cine de sábado de superacción (aunque prefería las de vaqueros), buenas actuaciones y ahí se queda, en la cuenta pendiente saldada: la vi. Por lo menos así lo veo yo (Guillermo Nimo dixit, este es el latinazgo que prometí al principio del texto).

lunes, 1 de septiembre de 2008

$2,50 x 48 horas


Música: "Stop the world" System of a down
Hora: 23:45 (cebadísimo con esto de recuperar el blog)

Este texto está publicado en el increíble y valorable proyecto editorial de mi amigo Gerónimo Unibaso (poeta que hay que leer - y no lo digo solo porque es mi amigo - )titulado: "Esto no es una REVISTA literaria"


Dos lugares comunes: el calor del verano y la más que evidente falta de ideas del cine norteamericano comercial. El primero es inevitable y natural. El segundo debe tener causas un poco más complejas, aunque seguro es evitable y para nada natural. El primero te lleva a una abulia potenciada por el ocio. El segundo te lleva a evitar cualquier película que tenga recomendaciones del tipo: “dos pulgares arriba” o “una montaña rusa de adrenalina”. El primero te da la oportunidad de ponerte al día con el cine. El segundo te lleva a buscar en otras cinematografías, búsqueda incierta y ardua.
Esta cuestión de la globalización y las otras culturas (el Otro diríamos poniéndonos culturosos) suelen ser tentadoras. Entonces empezamos a recorrer oscuras zonas del video o buscamos aquellas películas que solo tienen una copia en existencia o recurrimos a recomendaciones de fuentes diversas. Y caemos entonces en cajas que tienen más texto que imágenes (alquilada la película descubriremos que más que verla, la película hay que leerla), descubrimos que existen casi tantos festivales como pelis que no vimos, y descubrimos que un apellido no necesariamente tiene que llevar vocales.
Entonces caemos en esa zona hija del neoliberalismo y del consumo más descarnado. Películas víctimas de la novedad, que olvidadas se apilan bajo el ignominioso cartel de “$ 2,50 x 48 horas”. Pero expertos en economía de guerra y en mesas de saldos (léase tipos sin recursos interesados en los bienes culturales) conocemos las bondades de estas fosas comunes de la industria.
Toda esta presentación es una justificación para una recomendación (y para una cacofonía propia de tesis universitaria). Una manera de ahorrar tiempo y plata, o si se quiere una necesidad de comentar tres películas, fáciles de conseguir, entretenidas y provenientes de un mercado, que en los últimos años se impuso y está alimentando la escasa imaginación de Hollywood: el cine de Oriente.
Son tres películas (no desesperen, no son de terror, ni tienen nenitos de tez blanca apareciendo en la mitad de la noche) que tuvieron su estreno comercial y que funcionaron bien, pero que quizá hayan quedado olvidadas en el fragor de los estrenos. Atención: no es cine arte, ni metafísico, no son “de pensar”. Son tres filmes para pasar un buen rato sin demasiadas exigencias para el espectador pero que reflejan la libertad creativa del cine oriental (algo que, lamentablemente, no se ve muy seguido).
La primera debe haber dejado tecleando a Quentin Tarantino. Curioso, mientras Tarantino visitaba la cultura japonesa con una mirada simplona en Kill Bill Vol. 1 (2003), Park Chan-woo se apropiaba de la estética de Reservoir dogs (1992) y Pulp Fiction (1994), la exacerbaba y enriquecía y respondía con Oldboy (2003), un thriller de base norteamericana pero hecho con la furia, el sadismo y la libertad temática del cine asiático. Y acá no hay pescadores al costado de un río que ven pasar las estaciones, ni sensual erotismo de cuerpos enredados, ni serpientes metafísicas que le hablan a la cámara (muy raro ese corto final de Shoshei Imamura en 11 09 01 (2002)). Acá hay una furiosa historia de venganza urbana, exagerada (treinta y dos dientes y un martillo es una combinación que te produce escalofríos como mínimo), que no duda en recurrir a peleas desiguales (y no hablo de un ninja contra un ejército de marines, si no de peleas desiguales y creíbles) y a temas tabús como el incesto (un final de tragedia griega impecable). Una joyita potenciada por la manera histérica en que está filmada, un montaje en empatía con el protagonista y una desmesura que deja pipón al espectador más exigente (tarea para el hogar: encomillar la última frase y pegársela a la cajita del DVD en el videoclub, no olvidar mencionar al autor y la revista que está leyendo).
Libertad creativa descontrolada + Entretenimiento + Influencias orientales varias. Fórmula que tiene, por lo menos, un resultado obvio: Kun-fu-sion (Kung-Fu-Hustle, 2005) de Stephen Chow. Imaginemos un futuro director de cine víctima de una sobre-exposición de Looney Toones, juegos de Play Station, películas de karate a la Bruce Lee y comics / manga diversos. Imaginemos a este joven crecido y con un presupuesto honeroso y la libertad de hacer lo que quiera creativamente. Imaginemos eso y tendremos un esbozo de lo que es esta película. Historia de mafiosos en la China de las primeras décadas del siglo XX, Chow se permite jugar con el animé, la comedia musical, el humor estúpido y una historia de héroes ocultos que dan ganas de ver varias veces. El que odie las películas de karate que la vea para empezar a conocer el género desde el humor. El que idolatre las películas Shaolin que entienda esta humorada como un homenaje cariñoso. (A propósito este es el mismo Stephen Chow que está armando la película de Dragon Ball Zeta con actores de carne y hueso - y mucha computadora, por supuesto - )
Finalmente, un clásico de las recomendaciones de cine oriental: el maestro Takeshi Kitano. Recomendar a Kitano hablando de cine asiático es casi una obviedad pero es una obviedad justificada en el talento de este director. Zatoichi (2003) es una perla dentro del cine de samuráis (me arriesgo a ponerla al mismo nivel que Los siete samuráis (1957) o Kagemusha (1980) de Akira Kurosawa). La historia no tiene muchas novedades: un maestro samurai ciego (nada que ver con la horrible Blind fury (1989) con Rutger Hauer, éxito de mi adolescencia cinéfila) disfrazado de masajista llega a un pueblo, que soporta el enfrentamiento de distintas bandas criminales. Como imaginarán, el ciego se hará cargo de defender a los pobres y ausentes, con gran despliegue de peleas, sangre y sablazos a lo animé. Hay traiciones, delaciones, mentiras, asesinos a sueldo, jefes entre las sombras y víctimas inocentes. Parece una de samuráis dirigida por Scorsese (¿se imaginan un Joe Pesci japonés?). Ahora, esta libertad creadora, esta mente abierta – que quizá sea la percepción que uno tiene desde una cultura que se plantea como opuesta, o al menos bastante distinta – y con la que vengo insistiendo a lo largo de este texto, se manifiesta con toda su desfachatez en el cuadro final de la película: una increíble coreografía de tap americano, a lo Ziegfeld Follies, pero con la escenografía y vestuario del Japón del siglo XIX. Una escena injustificada en la continuidad de la historia pero que engarza de manera magistral y natural, y termina haciendo pensar como imposible cualquier otro final (y ojo, que no estoy revelando el final de la película, por ahí estoy arruinando la sorpresa, pero no es tan grave).
Tres recomendaciones, tres películas fáciles de encontrar en cualquier videoclub. Tres películas editadas hace un tiempo, ya del lado de los saldos. Bueno y barato: chiches asiáticos de bazar de todo por dos pesos (aunque menos kitsch y más perdurables).